Compré una nube emergente en Cerro Negro. Después, escribí en la balconada abierta de noche:
Si está bien, como no había planeado,
como no había robado a los círculos de la imaginación;
y también, por qué no, a la magia callada durante tanto tiempo,
detrás de cada noche no estrellada y sin luna,
tan sólo con mar rugido, devorado por los noes y por el rojo fuego
de lo quehaceres que cada día me ahogan.
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada