Concierto en Divino Castigo



Y hay gente que no tiene casa, y también otros que lo gritan, con el puño cerrado con fuerza.
"Qué triste se oye la lluvia en los techos de cartón,
qué lejos pasa la esperanza en las casas de cartón..."
Aguas arriba todo será más fácil, aunque hoy parezca lo mismo que ayer. Pero cada día un poquito en cada poema, en cada nota, hasta endurecer las heridas de los nudillos que golpean las puertas cerradas.
"Al final, siempre sale bien". Lo aprendí en León, aquí donde hoy he llegado. Mi cuerpo lo hizo tres días atrás, pero tardó en abrir el olfato. Tan sólo hizo falta tomar un trago en el mercado de la catedral para entender los colores de la revolución. Y fuera, "donde la misería huele a fruta podrida", me contó Sulita Puñales, "es donde hay que luchar".
Y hay gente que no tiene casa, o que se van para no volver, con un llanto cuesta arriba.
"Niños color de mi tierra, con sus mismas cicatrices,
millonarios de lombrices, y por eso,
que triste viven los niños en las casas de cartón..."

Se remueve algo dentro de mí. Todo es más fácil: cada uno con sus armas para contagiar al vecino, desorganizando sus nubes entre los cables incomunicativos para que se abran bien las pupilas, como fichas de domino que caen en cadena. Después, sólo hay que dar un plástico al que no lo tiene y un ladrillo al que ya está seco.
Entonces, algún día, lloverá para todos igual, sin nubes negras.
Mientras tanto, empezaré a gritar que hay gente que no tiene casa.
.
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2 comentarios:

deisy dijo...

Javi

Espero que esta experiencia en tu vida te traiga muchas cosas positivas; esta es la realidad de una latinoamérica que lo tiene todo y no tiene nada, irónico pero cierto. Donde unos pocos viven como reyes y los demás medio sobreviven.

Espero que al volver de allí tengas una vida más llena; pero creo más bien que serás más inconforme.

Un beso.

El Vendedor dijo...

Para Deisy:
En efecto, Deisy, la inconformidad ha crecido en mí al volver de Nicaragua, al igual que lo haría si volviese de tu Colombia