―¡Es que siempre tienes que estar en las nubes! ―me gritaba Doña Petra zarandeándome delante de los demás compañeros.
―Pero… Doña Petra ―discrepaba yo― ¿Porqué tiene que ser como usted diga?
La única respuesta era siempre un bofetón y después el silencio.
Fue en la facultad cuando me di cuenta de que mi sueño infantil estaba lleno de errores: la vida no estaba hecha para seguir un orden, ni de la A a la Z, ni de la Z a la A, porque siempre habría alguien que saldría desfavorecido. El secreto estaba en la desorganización. Propuse, entonces, pasar lista cada día de una manera diferente, de forma aleatoria: ¿Muñoz?... Presente, ¿Casares?... Presente, ¿Pizones?... Presente, ¿Abadía?... Presente… El equilibrio estaba precisamente en el caos.
No fueron, aquellos, malos momentos para mí y al final, con ayuda de algunos compañeros, conseguí mi objetivo a pesar de la discrepancia con el profesorado. Ya no había primeros ni últimos al iniciar la clase, sino que todos teníamos la misma importancia.
Pero había que hacer algo más, quedarse quieto era dejar de existir, así que mi reivindicación fue esta vez aún más lejos: si al final de curso no éramos más que una calificación, ¿por qué debían saber los profesores nuestros nombres y apellidos? ¿Con que derecho? Éramos sus alumnos, no sus hijos.
Creo que fue Don Ricardo Zuñiga, uno de los candidatos al puesto vacante de rector, quien incitó una revuelta entre los docentes para que me echaran de la universidad. A las pocas semanas de proponerlo, encontraron entre mis apuntes una foto del Che Guevara con el puño en alto, motivo más que suficiente entre los “Don Ricardos” de aquella época para poder expulsarme.
Fracasé en mis estudios, lo sé, y por eso me dediqué a comprar y a vender nubes. Creo, Don Ricardo, que es a usted a quien debo agradecérselo. También a Doña Petra, claro. No saben el favor que me hicieron.
No fueron, aquellos, malos momentos para mí y al final, con ayuda de algunos compañeros, conseguí mi objetivo a pesar de la discrepancia con el profesorado. Ya no había primeros ni últimos al iniciar la clase, sino que todos teníamos la misma importancia.
Pero había que hacer algo más, quedarse quieto era dejar de existir, así que mi reivindicación fue esta vez aún más lejos: si al final de curso no éramos más que una calificación, ¿por qué debían saber los profesores nuestros nombres y apellidos? ¿Con que derecho? Éramos sus alumnos, no sus hijos.
Creo que fue Don Ricardo Zuñiga, uno de los candidatos al puesto vacante de rector, quien incitó una revuelta entre los docentes para que me echaran de la universidad. A las pocas semanas de proponerlo, encontraron entre mis apuntes una foto del Che Guevara con el puño en alto, motivo más que suficiente entre los “Don Ricardos” de aquella época para poder expulsarme.
Fracasé en mis estudios, lo sé, y por eso me dediqué a comprar y a vender nubes. Creo, Don Ricardo, que es a usted a quien debo agradecérselo. También a Doña Petra, claro. No saben el favor que me hicieron.
6 comentarios:
Vendedor, ¿no has escuchado alguna vez a algún artista que, en la presentación de su libro o de su película, etc. daba las gracias a sus enemigos, por haberlo hecho más fuerte?
No me atrevo a catalogar de enemigo a tanto mediocre que se cruza en nuestro camino, pero, desde luego, si somos mínimamente listos, cómo nos hacen crecer...
¿Conoces esa canción de Fito y los Fitipaldis que dice: "El colegio nunca me gustó, si es por el maestro, nunca aprendo, a coger el cielo con las manos..."? Pues eso. A mí el colegio tampoco me gustó nunca. Además, siempre fui una proscrita de los malditos listados (imagínate, "O" de orgía).
Besos orgiásticos.
Para Ella:
es una pena, ¿verdad, Ella? En el colegio se enseña de todo menos a soñar, "a coger el cielo con las manos".
Tal vez, por eso, vuelvo a la pubertad en el meridiano de mi vida, para recibir clases particulares de "Educación para los sueños".
En la última evaluación me pusieron un Notable. Aspiro a la matrícula de honor.
Excelente post!!!!!!! Es una reflexión digna de Mafalda ¿la conoces? Por si no; te cuento que es un personaje de historieta creado por Quino. En mi humilde opinión es mucho más que una historieta…
Leyendo tus experiencias y las de Ella; me reconocí en mis tiempos de estudiante. Muchas veces pensé que la Escuela de arte arruinó todo lo que yo era… Otras; que no seria nada sin la educación académica. Pero todo lo que somos se lo debemos a los distintos actores que pasaron por nuestra vida.
Y como la vida es tan caprichosa como sorprendente; al terminar mis estudios jure nunca mas pisar cualquier tipo de casa de estudios. Fijate que ironía; ahora soy profe con alumnos de todas las edades. Y si algo rescato de todo esto; es que no me olvido nunca de cuando fui estudiante.
Un abrazo
Para Marianart:
Estoy seguro que esos alumnos tuyos, sabrán muy bien cómo se sube a las nubes y cómo se viaja en ellas. Sólo hay que ver tu obra para poder hacerlo. Después, a volar.
Gracias por tu crítica del Post y por la aportación de Mafalda.
Saludos a tu Argentina
Gracias Vendedor! en mi blog deje un video de mis alumnos pintando murales. Ojala te guste. Buen jueves; un abrazo.
Para Mariaart:
Maravilloso video el de tus alumnos muralistas, lleno de ternura, miradas con hambre de decir. Que se coman el mundo, por favor, continúa incitándolos para ello, para que coloreen el futuro que tienen por delante.
Te envidio.
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