¿aló?




Alguien llama al teléfono. Es Pedro Carter. Me pregunta si resucitamos este atardecer de 24 de julio de 2011, que "para qué vamos a dejarlo ir", dice. Yo le digo que sí, que nos vemos. Pedro es fotógrafo de guerra y me vendió una nube sudafricana y bella hace algo más de un año (o dos). He estado este tiempo fuera del negocio, pero nunca he dejado de comprar nubes. ¿Se puede dejar de ser uno mismo?

Rosa Linda se aburrió de Blogger. Un día, hace algo menos de una semana, no sé por qué, la llamé y ella misma me animó a continuar mirando al cielo. ¿Traspaso de nuevo del negocio? Así es, como una tomadura de pelo bien calibrada. De la ruina me creo de nuevo en mis dominios para volver a ser Vendedor. El almacén está lleno de polvo. Empezaré por ahí, por escribir de reflejos herméticos. Poco a poco volveré a ser yo.

Ayer estuve en Sol y hoy me gustaría estar en tierra con Carter. ¿Por qué seguimos tratando a utopía como a un ser extraño? Utopía es nuestra hermana y hay que empezar a romper las reglas del diccionario, desbaratar los significados. "De norte a Sur, de Este a Oeste, cueste lo que cueste" es más que un cántico. Se trata de un compromiso. Y los discursos indignados de anoche no fueron más que "Yo": Yo he andado, Yo he recorrido, Yo me revoluciono, conexiones XXI con Berlín, con Atenas, con El Cairo. ¿Revoluciones?

Yo no es suficiente. Al menos un Yo con un megáfono. Excepto Cataluña o Motril, que compartieron un discurso universal, nadie supimos comprender que siendo Yo no nos hacemos fuertes. ¿Seremos capaces de silenciarnos? Un conjunto de muchos Yo no hace un Nosotros.

En fin, que vuelvo a resucitarme como ese atardecer con Pedro Carter.

El Vendedor

1 comentarios:

Anónimo dijo...

¿Y si no quieres comprar una nube, sino el cielo entero?