El hombre invisible, por fin, ha conseguido que alguien repare en su presencia. Ha sido una ráfaga de viento, que pretendía entrar por donde él estaba. Han estado coqueteando y, después, se han acacriciado durante horas. La ráfaga de viento le ha susurrado canciones al oido y el hombre invisible se ha quedado muy quieto.
Al final, han estado haciendo el amor, muy despacio, y después se han quedado dormidos a la luz de una vela. Apagada
4 comentarios:
quiero un viento así que entre por mi ventana... esperaré desnuda y con las luces apagadas, fuera velas no tengamos un disgusto, je je... y a acariciarse...eso es vida!!!
que bonito texto... si cierro los ojos lo puedo imaginar...
besos
aire aire
pasa pasa
te dejo la puerta abierta, la alegria de mi casa
lo decía morente...
ese hombre, nunca fue invisible. Por lo menos para mi...
viento, susurros que acarician soledades, la soledad del hombre invisible, depende para que ojos...
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