Desde Musona

Sulita Puñales, que se fue a África para construir agua, me ha regalado una nube para mi colección personal, de las que no se venden.
“No esperes verla muy de cerca”, me dice Sulita Puñales, “aquí es difícil levantar la vista hasta el cielo”. También me cuenta que ha llegado a Musona, una ciudad a orillas del lago Victoria, y que ha escapado un poco de Mugumu, “demasiado pequeño desde hace ya algunos días”.
―Musona es más alegre y el lago se ve maravilloso después de tres semanas visitando charcos prácticamente secos (única fuente de agua para la gente) ―me cuenta―. Musona, al menos, es ruidoso y lleno de colores, nada que ver con los pequeños asentamientos que hemos estado visitando. Allí, la gente viste con harapos, no tienen nada, NADA. En una gran llanura de Ring'wani viven unas 500 personas en lo que es una enorme estepa seca, con unos charcos de agua-lodo. Sin agua, ni electricidad, ni cristal… Nada de nada. El paisaje es increíble, pero la dureza de esta tierra también. Se ve en cada arbusto, en cada árbol: tienen enormes y duras espinas. Es agridulce.

2 comentarios:

Ana dijo...

Te consta que eres afortunado, ¿verdad? A uno no le regalan a menudo nubes de ese tipo, pero no sigas mencionando nubes que no pondrás en venta, que ya conoces mi alma caprichosa de cazadora de imposibles.
Nada. ¿Cuántas veces al día, a la semana, al mes... pronunciaremos esa palabra? Y, sin embargo no tenemos ni la más remota idea de su significado.
¿Sabes? Yo creo que esa nube que acabas de recibir como presente nació después de que mudaran al estado gaseoso litros y litros de lágrimas.

Un beso triste.

El Vendedor dijo...

Para Ana:
Claro que me siento afortunado, Ana. Cómo no sentirme así.
Es curioso: Nada es Adán al revés.
¿No tendrá que ver algo la iglesia en todo esto?