Me caigo: __
Ayer me di cuenta que Dios existe y también llegué a verlo. Tiene cara de diablo. Es por mí por quien no lo veía. Estaba ahí, en mi nube, tan cerca. ¿No será que Dios existe pero de otra forma? ¿No será que no resucitó sus intuiciones y lo incineraron en su espesura? Por eso vi esta nube; es el humo blanco que salió de su derrota.
A Nicaragua
Ahora es el momento de empezar a soñarlo. Ya llegó el equilibrio que estaba ansiando. Ya me sumergí en el agua tres veces, como los saris en el Ganges. Ahora, a respirar…, y a llevar yo la cadencia.
Los sonidos los conozco, los miedos también, ¿con que quedarme? Con la vibración, con el palmoteo de cada suspiro que me encuentre. Nunca se fueron.
Prefiero llamar con los nudillos; es la forma que me enseñaron. Así es como se siente la seducción, los gritos en el silencio. Las pinceladas sobre las gamas fueron pasos militares, a contra pies; ahora no, ahora son expiraciones de pisadas de pies descalzos, de ligoteo de colores, de rastros que se fueron y se olvidaron.
Sé que puedo coger esa nube, la del final de camino; antes de tiempo, claro.
Epy Figueroa me contó
Mis manos han empezado también a tener pelo de caballo, para recordarle al viento que yo también sé correr, y saltar los setos que decoran el cielo. Las estrellas sabrán agradecérmelo, cuando pase a saludarlas y las apague para que descansen por fin.
Armónicos acrílicos que se desentonan, acompasados con rosas de mar, las de color luz. Rayos de brillantina que vienen y se quedan; después, empiezan a mover las alas. No es de arriba abajo, es un rayo de sol que traza un círculo. Eso es lo necesario para despegar, solo un rayo de luz y un círculo que lo hipnotice. Después, ya las notas se balancean solas en forma de nube entre las líneas continuas del pentagrama, se ensancha el blanco y la estrechez de las líneas se dilata.
Resuena la ohm de verme nacer, y la percepción del salto, hacia la espesura.
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